Un árbitro que reconoce que comenzó su carrera con un arrebato entre cuatro amigos y que debutó en Primera con un silbato que le regaló su madre que mantuvo guardado tres años

No es fácil llegar a ser árbitro de Primera División, pero él lo es. No es sencillo abrirse tanto en una entrevista, pero Pablo González Fuertes lo hace con una sonrisa. Desde su casa, explica su día a día en época de Covid-19, y aporta su opinión sobre la vuelta del fútbol en estos momentos de incertidumbre. 

Pero no se queda en la actualidad. Pablo explica cómo un día, casi como una apuesta, decide ser árbitro con 3 de sus mejores amigos. Ellos no han llegado tan alto, pero siguen formando parte del gremio arbitral. Aún no es internacional, pero ya acumula alguna anécdota en alguno de los viajes por el mundo, como Glasgow o Jeda, en la Supercopa de España. 

La relación con los jugadores, su autocrítica con los errores, convivir con la polémica son algunos de los temas encima de la mesa, pero también desvela la razón de su debut con un silbato amarillo que Rafa Leafar le coloca en la caricatura. No le llaman Collina, y eso que era previsible, sino Infantino, por su parecido físico. Son sólo algunas de las experiencias y anécdotas este asturiano practicamente que echa tanto de menos el fútbol como la sidra. Y es un Pelao. Al 100%. 

Caricatura: @caricaturas_Leafar