En las obras de Claude Monet, la luz y el color conviven con señales menos evidentes del cambio industrial que empezaba a transformar Europa. El humo, la niebla y ciertas atmósferas no eran solo recursos estéticos, sino reflejo de un entorno cada vez más alterado. Sin proponérselo de forma explícita, su pintura dejó rastro de una realidad marcada por el avance de la industrialización.
Publicado: 4 junio 2026