En los años 60, el psicólogo Stanley Milgram puso a prueba la obediencia humana en un laboratorio. Invitó a participantes a administrar supuestas descargas eléctricas a otra persona cada vez que fallaba en una tarea. Aunque no eran reales los choques, muchos continuaron aplicando niveles cada vez más altos, solo porque una voz de autoridad les decía que siguieran. Este estudio demostró que personas comunes pueden acatar órdenes injustas incluso cuando creen que causan daño, cuestionando la idea de que solo “malos” cometen atrocidades.
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Publicado: 26 febrero 2026