Coronado siendo apenas un adolescente, Balduino IV de Jerusalén gobernó marcado por la lepra y por el destino incierto de los Estados cruzados. Incapaz de empuñar la espada en sus últimos años, dirigió estrategias brillantes frente al avance de Saladino y logró una victoria asombrosa en Montgisard con un ejército muy inferior. Su enfermedad, interpretada por algunos como castigo divino, no eclipsó su capacidad política ni su determinación. Entre fe, guerra y sufrimiento, su figura encarna la fragilidad y la épica de las Cruzadas.
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Publicado: 31 marzo 2026