Fue pensada para ser la más grande del mundo, pero hoy pocos la conocen. En 1589, Felipe II quiso hacer de Valladolid la sede espiritual de su imperio y encargó al arquitecto Juan de Herrera una catedral colosal. La ambición era tal que habría superado en tamaño a San Pedro del Vaticano. Sin embargo, la historia tomó otro rumbo. Crisis económicas, prioridades imperiales y la muerte del propio Herrera frenaron la obra, dejándola inacabada. Apenas un 40 % del proyecto original llegó a levantarse. Lo que sobrevive es un templo monumental, austero y enigmático, que guarda en sus piedras un sueño imperial truncado.
Publicado: 29 enero 2026