Fue en 1986. Han pasado 34 años, pero todavía recordamos qué ocurrió a 80 kilómetros de Kiev

Andrey Mycolayovich, de 9 años, está jugando a fútbol en la calle con otros chicos de su pueblo. Él es el mejor de todos, con diferencia. Se los puede regatear casi a ciegas mientras se ríe. Abusón, le dicen los otros niños.  Andrey tira de lejos, el balón rebota y va a parar a un tejado cercano.

Ahora son los demás niños los que se ríen y le dejan solo. No hay balón, no hay partido.  Andrey, resignado, mira al tejado y decide trepar.  No es la primera vez, y gracias a su altura consigue llegar al tejado.  Allí arriba se lleva una sorpresa.  No solo hay un balón perdido, hay varios que se han quedaron ahí y nadie subió a por ellos.  Vuelve a sonreír.

Andrey vuelve a casa con tres balones y se lo cuenta a su padre.  Le dice, exultante, han estado en el tejado mucho tiempo:  “Es como si estuvieran esperándome”.

El padre de Andrey se llama Mykola y su gesto es serio.  Es militar y quizá por eso, en la Unión Soviética, sospecha de todo.  Abre un cajón y saca un extraño aparato, como un transistor.  Lo enciende y lo acerca a los balones que ha traído Andrey.

Aquel aparato empieza a hacer un extraño ruido…

Este espacio se ha emitido antes de su publicación como podcast en el programa "A Diario" de Radio MARCA.