El interior de nuestras células esconde algo sorprendente: pequeñas gotas líquidas, y no sólidas, que los científicos denominan coacervados o condensados biomoleculares. A diferencia de las células, protegidas por una membrana, estas gotitas carecen de ella: sus moléculas permanecen enredadas entre sí, uniéndose y separándose de forma similar a como ocurre en una lámpara de lava.
La idea no es nueva. Hace un siglo, en la década de 1920, el bioquímico soviético Alexander Oparin y el biólogo John B. S. Haldane ya apuntaron a estas gotas como posible clave del origen de la vida. Sin embargo, con el auge de la genética a partir de los años 50, la teoría cayó en el olvido.
Un estudio de 2009 responde la pregunta que formuló Oparin hace cien años.
Publicado: 7 julio 2026