En 1340, el destino del Estrecho se decidió en la Batalla del Salado. Alfonso XI de Castilla, aliado con Portugal, frenó la gran ofensiva benimerín llegada del norte de África para auxiliar al reino nazarí de Granada. La victoria cristiana aseguró el control del Estrecho de Gibraltar y marcó un punto de inflexión en la Reconquista, debilitando de forma decisiva la presencia musulmana peninsular. Entre estrategia, fe y ambición territorial, aquel choque consolidó el poder castellano y cambió el equilibrio político del sur de la península ibérica.
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Publicado: 27 abril 2026