Más allá de la Mercè y Santa Eulàlia, Barcelona tuvo una tercera protectora hoy casi olvidada: Santa Madrona. Venerada desde la Edad Media y vinculada a una ermita en Montjuïc, su figura fue invocada en tiempos de sequía y calamidades. Durante siglos compartió devoción popular con las otras patronas, pero los cambios urbanos y religiosos relegaron su culto a un discreto segundo plano. Su historia nos cuenta cómo una ciudad puede hacer casi olvidar a quienes un día les ampararon.
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Publicado: 9 abril 2026